Les empreses que es basen en una tenacitat interior han de ser mudes i obscures; per poc que un les declari o se’n gloriï, tot sembla fatu, sense sentit o fins i tot mesquí.
Tenacitat interior
Noviembre 25, 2008 · Dejar un comentario
→ Deja un ComentarioCategorías: Els nostres avantpassats · Italo Calvino
La realidad
Noviembre 16, 2008 · Dejar un comentario
Hay una realidad que demuestra la verdad de un hecho. Porque nuestra memoria y nuestros sentidos son demasiado inseguros, demasiado parciales. Incluso podemos afirmar que muchas veces es imposible discernir hasta qué punto un hecho que creemos percibir es real y a partir de qué punto sólo creemos que lo es. Así que para preservar la realidad como tal, necesitamos otra realidad -una realidad colidante- que la relativice. Pero, a su vez, esta realidad colidante necesita una base para relativizarse a sí misma. Es decir, que hay otra realidad colidante que demuestra, a su vez, que ésta es real. Y esta cadena se extiende indefinidamente dentro de nuestra conciencia y, en un cierto sentido, puede afirmarse que es a través de esta sucesión, a través de la conservación de esta cadena, como adquirimos conciencia de nuestra existencia misma. Pero si esta cadena, casualmente, se rompe, quedamos desconcertados. ¿La realidad está al otro lado del eslabón roto? ¿Está a este lado?
→ Deja un ComentarioCategorías: Al sur de la frontera, al oeste del Sol · Haruki Murakami
Hijo único
Noviembre 16, 2008 · Dejar un comentario
Yo no tenía hermanos. Era hijo único. Y por eso sentí durante toda mi niñez algo parecido al complejo de inferiodidad. Yo era un ser aparte en aquel mundo, carecía de algo que los demás poseían de la forma más natural.
Durante toda mi infancia odié la expresión “hijo único”. Cada vez que la oía, era consciente de que me faltaba algo. Estas palabras parecían un dedo acusador que me apuntaba, señalándome: “Tú eres un ser imperfecto”.
Que los hijos únicos fueran niños consentidos por sus padres, enfermizos y egoístas era una convicción profundamente arraigada en el mundo en que crecí. Se consideraba un hecho indiscutible de la misma especie que el de que, cuando se sube una montaña baja la presión atmosférica, o que las vacas dan leche. Yo detestaba con toda mi alma que me preguntaran cuántos hermanos tenía. Porque, al oír que ninguno, los demás pensarían en un acto reflejo: “Hijo único. Seguro que es un niño consentido, enfermizo y egoísta”. Esta reacción estereotipada de la gente me irritaba, y no poco, y también me hería. Pero lo que en realidad me irritó e hirió durante toda mi niñez fue que todas esas ideas fuesen absolutamente ciertas.
→ Deja un ComentarioCategorías: Al sur de la frontera, al oeste del Sol · Haruki Murakami
El Voyeurismo
Octubre 5, 2008 · Dejar un comentario
El acto de la copulación es como el de hurgarse la nariz. Está muy bien cuando es uno mismo quien lo hace, pero para el espectador es un acto singularmente carente de atractivos.
→ Deja un ComentarioCategorías: Mi tío Oswald · Roald Dahl
Los hombres muy ricos
Octubre 5, 2008 · Dejar un comentario
Comprobará que los hombres muy ricos son casi siempre feos, toscos, ignorantes, desagradables. Son bandidos y ladrones, auténticos monstruos. Piense en la mentalidad de los hombres que se han pasado la vida entera amasando un millón tras otro: Rockefeller, Carnegie, Mellon, Krupp. Esos son los antiguos. Y los actuales son igualmente desagradables. Todos horribles. Y se casan siempre con mujeres muy bellas, mientras que ellas les eligen porque son millonarios. Esas mujeres tan bellas tienen hijos horribles e inútiles, los únicos que pueden darles sus feos y avarientos esposos. Esas mujeres acaban odiando a sus maridos. Se aburren. Se distraen solamente con la vida cultural. Compran cuadros de pintores impresionistas y van a conciertos de Wagner.
→ Deja un ComentarioCategorías: Mi tío Oswald · Roald Dahl
La riqueza
Octubre 5, 2008 · Dejar un comentario
La riqueza abundante, si no es heredada, se adquiere generalmente por uno de estos cuatro métodos: mediante embustes, talento, inspiración en el juicio o suerte.
→ Deja un ComentarioCategorías: Mi tío Oswald · Roald Dahl
Els homes
Agosto 9, 2008 · 1 comentario
Sempre he trobat difícil estimar als homes. [...] És increïble que una dona pugui estar-se gaire temps casada amb un home. La majoria dels que he conegut són manaires, o passius o obsessius, i passats els vint-i-cinc anys, més o menys, ja no són atractius segons cap estàndard. Si n’hi ha algun que sigui agradable a la vista el contracta la indústria fotogènica. La bellesa no forma part del repertori de la majoria dels homes que he conegut. I per tant, això s’ha d’esborrar de la seva llista d’actius immediatament. I llavors només et queda el seu comportament.
Són molt malhumorats, els homes; n’hi ha tants, que ho són. Són ressentits i violents, els que jo he conegut, gairebé com si la violència fos un hobby. [...] Són un gènere que sempre està conspirant, o si més no sempre sembla que estiguin conspirant perquè mai no et diuen què els passa pel cap.
[...]
Si diré que hi ha una característica que m’agrada dels homes, i és que normalment poden esbrinar com funcionen els petits electrodomèstics. En saben, d’arreglar això i allò. Però aquesta competència no mena ningú a la passió, només a trobar feina.
→ 1 comentarioCategorías: Charles Baxter · El festí de l'amor
Fronteres
Agosto 9, 2008 · Dejar un comentario
No saps que has travessat una frontera fins que ets a l’altra banda. En aquell moment, veus on has arribat i si estàs acabada o no. Moltes amistats tenen un component eròtic latent.
→ Deja un ComentarioCategorías: Charles Baxter · El festí de l'amor
Efemèrides
Agosto 9, 2008 · Dejar un comentario
Vivim tan pendents de recordar efemèrides que se’ns oblida celebrar el present. Preservar la memòria és imprescindible, sí, però l’ús indiscriminat de recordatoris pot resultar un llast absurd que omple les nostres agendes de dies falsament especials, meres excuses per tapar la nostra indigència moral.
→ Deja un ComentarioCategorías: Enviar y recibir · Màrius Serra
¿Por qué leer?
Mayo 11, 2008 · 2 comentarios
A mi modo de ver, la lectura es una actividad muy similar a la práctica del sexo. Intercambiamos fluidos, en este caso intelectuales, con autores, narradores y personajes de toda época, origen y condición. Penetramos en su intimidad y permitimos que ellos penetren en la nuestra, para luego recordarlos toda la vida u olvidarlos a las primeras de cambio. Gozamos de la promiscuidad lectora como pocos gozan de la sexual, y también arriesgamos la cordura en el intento, porque no hace falta ser Don Quijote para volverse loco por un libro y que luego te deje más tocado que una relación. Naturalmente, la mitificación del hábito lector es similar a la que sufre el sexual. En ambos casos, quienes más hablan del asunto no son necesariamente quienes más lo practican. De hecho, la estúpida mala conciencia por no leer se parece mucho a la absurda mala conciencia que suscita la abstinencia sexual. Si tuviéramos datos fiables de las actividades que han practicado nuestros congéneres de todas las épocas en la intimidad, la experiencia histórica nos demostraría que siempre han existido seres adultos razonablemente felices que jamás han practicado la lectura o el sexo, o incluso ambas actividades a la vez. Eso por no hablar del mal sexo cotidiano, tan cercano a las lecturas que nos asquean por su estulticia. Sea como sea, parece evidente que tanto la lectura como el sexo enriquecen nuestra experiencia.
→ 2 comentariosCategorías: Enviar y recibir · Màrius Serra