Archivo de la categoría: Amélie Nothomb

La mirada

La mirada es una elección. El que mira decide fijarse en algo en concreto y, por consiguiente, a la fuerza elige excluir su atención del resto de su campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida, es, en primera instancia, un rechazo.

Asco

A veces pienso que nuestra única especificidad individual radica precisamente en esto: dime lo que te da asco y te diré quién eres. Nuestras personalidades son nulas, nuestras inclinaciones resultan a cual más banal. Sólo nuestras repulsiones nos definen realmente.

Suicidio

Desde lo alto de aquel magnífico acantilado, miles de personas se mataron porque no querían que les mataran, miles de personas se lanzaron hacia la muerte porque le tenían miedo a la muerte. Hay aquí una lógica de la paradoja que me deja estupefacta.

No se trata de aprobar o desaprobar un gesto semejante. No les sirve de nada, por otra parte, a los cadáveres de Okinawa. Pero insisto en pensar que la mejor razón para el suicidio es el miedo a la muerte.

Explicaciones

Es propio de personas vulgares querer explicarlo todo, incluso aquello que no tiene explicación.

La estética

La estética está regida por las leyes de la mística: lo que más exalta la extrema belleza es la extrema fealdad. Lo mismo ocurre con el Absoluto: dado que es imposible de definir, para expresarlo es necesario recurrir a su contrario. Es lo que se llama la teología negativa. El espíritu humano sufre una carencia intelectual fundamental: para que aprecie el valor de una cosa, hay que privarle de esa cosa. La ausencia le habla su lengua materna; la presencia le suena a hebreo.

La belleza

La belleza, si deja de ser subjetiva, pierde todo su valor.

La propia entidad

En caso de duda, siempre ha sido más peligroso admirar a un artista que manifestar algunas reservas respecto a su obra. No se trata sólo de una cuestión de valor: es preciso poseer mucha entidad propia para ser capaz de apreciar a un creador, y más para considerar sin “ayuda” de nadie si es o no es apreciable. Pero la mayor parte de la gente carece, o casi carece, de entidad. De ahí que haya tantos fans y tan pocos admiradores, tantos denigradores y tan pocos interlocutores.